La entrada en vigor de la Ley Antifraude en España ha marcado un antes y un después en la forma en que las empresas gestionan su contabilidad, facturación y cumplimiento fiscal. Aunque su objetivo es claro —reducir el fraude y aumentar la transparencia—, el proceso de adaptación ha resultado ser un verdadero desafío para muchas organizaciones.
La Ley 11/2021 y su desarrollo reglamentario a través del sistema VERI*FACTU imponen una serie de obligaciones técnicas y operativas:
Muchas empresas, especialmente pymes y autónomos, operan con sistemas contables antiguos que no cumplen con los nuevos requisitos. La migración a software certificado implica:
La normativa es extensa y técnica. No todas las empresas cuentan con departamentos especializados en fiscalidad o tecnología, lo que genera confusión y errores en la implementación.
Aunque la fecha de entrada en vigor se ha pospuesto en algunos casos (hasta enero o julio de 2026, según el tipo de empresa), muchas organizaciones aún no han iniciado el proceso. Esto genera presión y aumenta el riesgo de sanciones por incumplimiento.
La obligación de registrar cada operación de forma inmediata y trazable puede ralentizar procesos internos, especialmente en sectores con alta rotación de transacciones.
El uso de software no certificado o la omisión de registros puede conllevar multas de hasta el 25% del importe de la operación, además de inspecciones más frecuentes por parte de Hacienda.
La Ley Antifraude representa una oportunidad para modernizar la gestión empresarial y reforzar la confianza en el sistema tributario. Sin embargo, requiere un esfuerzo coordinado, inversión y compromiso por parte de las empresas. Adaptarse no es solo cumplir con la ley, sino avanzar hacia una cultura empresarial más ética, transparente y eficiente.